Ana Nespral presenta en Bembibre «Este breve temblor bajo palabra», ganador del premio Isabel Romero

La escritora berciana Ana Nespral presentará este jueves, 29 de octubre, a las 20.00 horas, en el Teatro Benevivere de Bembibre, su poemario Este breve temblor bajo palabra, ganador del primer certamen de poesía Isabel Romero. La cita, organizada por la Asociación Cultural Martes Literarios, contará con la participación de su presidenta, Elba Casado.

El libro reúne diez poemas que recorren el amor, la memoria, la pérdida y la emoción que despiertan los pequeños detalles cotidianos. En una entrevista en FM Bierzo, la autora explicó que este reconocimiento ha supuesto un impulso para su confianza en la escritura y la oportunidad de tener una publicación propia, después de anteriores premios compartidos con otros autores.

«Yo no me sentía muy confiada en mi poesía hasta que empecé a presentarme a certámenes», reconoció. Este premio tuvo para ella un significado especial porque «era un librito para mí sola, no compartido».

La presentación también supone dar un paso que inicialmente le resultaba difícil. Ana señaló que el ánimo de la gestora cultural Isabel Romero, que da nombre al certamen, y el apoyo de su familia la ayudaron a decidirse. Compartir los versos con lectores bercianos, amigos y familiares, junto a una asociación a cuyas actividades lleva varios años acudiendo, contribuyó a que se sintiera cómoda.

«Para mí escribir es un acto feliz»

La autora relaciona el título del poemario con la emoción que provoca algo que la conmueve y con la búsqueda de las palabras para expresarlo. «Para mí escribir es un acto feliz», afirmó al describir esos momentos de sosiego en los que surge un poema.

Esa escritura nace muchas veces de la observación de elementos sencillos. Unas manos, unos zapatos o una ventana pueden convertirse en símbolos de una experiencia o un sentimiento. «Nace de la mirada», explicó sobre esa atención a detalles que pueden pasar inadvertidos.

El libro está dedicado a sus tres hijos y a su nieta. La familia ocupa también un lugar destacado en el poema dedicado a su padre, construido mediante escenas de distintas etapas de su vida. En él aparecen tanto el afecto como recuerdos que, en su momento, le resultaron dolorosos y que el paso del tiempo le permitió comprender de otra manera.

El frío recorre esas escenas hasta desembocar en las palabras «aquel último frío». Según explicó, esa imagen recoge también la memoria de las dificultades que atravesaron las generaciones anteriores.

La pérdida y la soledad convertidas en poemas

Otro de los textos nace de la muerte de una amiga a la que consideraba fundamental en su vida. La noticia le llegó durante un viaje a Sicilia con su marido, el primero que realizaba después de jubilarse.

La autora recordó una amistad que había acompañado la maternidad de ambas y que tiene continuidad en la relación entre sus hijos mayores. Para escribir sobre esa pérdida necesitó tiempo: «Yo tengo que pasar mi luto».

Los poemas dedicados a su padre y a su amiga fueron, según señaló, de los que surgieron con mayor facilidad por la intensidad de los sentimientos. El trabajo posterior consistió en pulirlos para evitar un exceso de sentimentalismo.

La soledad aparece, por su parte, a través de un desconocido con el que compartió un trayecto en autobús desde León. Su historia la dejó marcada: era un hombre mayor que había llegado con ilusión y se había encontrado solo. Aquel encuentro terminó incorporándose al poemario como una reflexión sobre «la soledad como nueva dolencia».

Encontrar una emoción compartida

Entre las figuras que aparecen en el libro está la escultora Marga Gil, cuya obra y trayectoria despertaron el interés de la escritora. Ana destacó la fuerza de la escultura La mujer del ahorcado y vinculó su descubrimiento con la recuperación de mujeres creadoras que habían quedado olvidadas.

El último poema vuelve a la atención a lo pequeño: una flor amarilla desvía el pensamiento de quien escribe. La autora reconoció que disfruta cuando un texto toma un rumbo distinto al previsto. «Lo mínimo y que al final el poema es lo de menos; es ese asombro», explicó.

De cara al encuentro con los lectores, su deseo es que esa emoción encuentre una correspondencia en quien se acerque al libro: «Que la gente encuentre algo dentro de ese poema que le haga temblar también».

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