Miguel Martínez Basurco, ha nadado diecisiete kilómetros entre Turquía y Grecia, cinco horas de travesía por Oncobierzo.
Hay personas a las que uno admira por lo que hacen y otras a las que quiere por cómo son. Miguel Martínez Basurco reúne ambas condiciones. Es un hombre extraordinario que nunca ha necesitado presumir de sus hazañas, aunque motivos le sobran. Un berciano de Villafranca que lleva media vida demostrando que las piernas, los brazos y el corazón pueden ponerse al servicio de los demás.
Su última aventura ha tenido como escenario las aguas del mar Egeo. Diecisiete kilómetros entre Turquía y Grecia, ocho horas nadando, veinte participantes y una segunda posición que, tratándose de Miguel, casi resulta anecdótica. Porque su verdadera victoria no estaba en llegar antes que los demás, sino en llevar hasta aquellas aguas una reivindicación que nace en las habitaciones y consultas del Hospital del Bierzo.
La causa tiene nombre: Oncobierzo. Y tiene rostros, muchos rostros. Los de quienes padecen cáncer, los de sus familias y los de quienes reclaman una atención sanitaria digna. Miguel conoce demasiado bien ese sufrimiento. Perdió a su esposa por esta enfermedad y sabe que detrás de cada reclamación hay personas que no pueden permitirse esperar eternamente una solución.
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