Los 100 puntos obtenidos por La Faraona 2024 son también un reconocimiento a las generaciones que conservaron los viñedos de Corullón. Así lo sostiene Ricardo Pérez Palacios, gerente de Descendientes de J. Palacios, que en una entrevista en el programa Más Café, de FM Bierzo, ha reivindicado el trabajo de los viticultores que mantuvieron las cepas mucho antes de la llegada de la bodega al Bierzo.
«Nosotros tampoco hemos inventado nada. El mérito es de las viñas y de tantas generaciones ocupándose de estas viñas increíbles», afirmó. Pérez Palacios explicó que La Faraona recibió los 100 puntos tanto en el informe de Tim Atkin como en las valoraciones de Robert Parker, conocidas con apenas un día de diferencia. Una alegría que, según señaló, trasciende al equipo de la bodega y alcanza al pueblo y a quienes plantaron y cuidaron sus viñas.
El reconocimiento coincide, además, con la mejor puntuación obtenida hasta ahora por Pétalos del Bierzo, con 94+ puntos, según destacó durante la conversación.
Un patrimonio que ya estaba en Corullón
Pérez Palacios recuerda con precisión su llegada al Bierzo: el 2 de enero de 1999. Entonces, Corullón no figuraba entre los lugares que le recomendaban para comenzar a elaborar vino. Las dificultades para trabajar sus laderas y la fragmentación de las parcelas contrastaban con otras zonas de mayor tradición productiva.
Sin embargo, las viñas viejas, el paisaje y los suelos de pizarra, que le resultaban familiares por el trabajo de su tío Álvaro Palacios en el Priorat, despertaron su interés. El contacto con viticultores y elaboradores de la comarca le permitió conocer mejor aquellas parcelas y sus posibilidades.
Para el bodeguero, el valor fundamental estaba en un patrimonio que ya existía: viñedos que alcanzan los 130 años y una diversidad de variedades que acompaña a la mencía. Su trabajo, explicó, ha consistido en reconocer esas diferencias y decidir qué parcelas merecían elaborarse por separado.
«Lo que hemos hecho es separar las calidades y decir que esta viña merece la pena ser embotellada aparte porque tiene unas cualidades específicas», señaló.
También recordó que los propios vecinos conocían el potencial de determinados lugares. Ese conocimiento, transmitido por quienes trabajaban las viñas, precedía al reconocimiento que después han obtenido sus vinos.
La Faraona y la importancia de esperar a la vendimia
La historia de La Faraona sirve para explicar esa forma de trabajar. Según relató Pérez Palacios, la parcela no siempre había sido valorada porque sus uvas se recogían antes de alcanzar la madurez necesaria, condicionadas por el calendario de recepción de la cooperativa.
La bodega optó por esperar. En aquella primera elaboración, recordó, la vendimia se retrasó casi un mes respecto al cierre de la cooperativa, una decisión que permitió recoger la uva en otro momento de maduración.
«Lo que hemos hecho es saber encontrar el sitio, darle cariño y coger la uva en su momento óptimo, porque eso es la clave de todo», resumió.
La Faraona procede de una parcela de media hectárea. Para Pérez Palacios, su singularidad muestra la importancia de identificar el origen con precisión, desde la comarca y el municipio hasta los parajes y las pequeñas laderas.
Vinos distintos en laderas próximas
Durante la entrevista, el gerente de Descendientes de J. Palacios explicó que la cercanía entre dos viñedos no implica que sus vinos tengan el mismo carácter. Atribuyó esas diferencias a factores como la estructura y composición del suelo, la altitud y el comportamiento de la humedad y los nutrientes.
Como ejemplo, comparó Moncerbal y Las Lamas, dos vinos procedentes de lugares próximos que describió con perfiles opuestos: el primero, más afilado y fresco; el segundo, con mayor volumen y redondez.
Pérez Palacios defendió que esas diferencias también pueden apreciarse sin conocimientos especializados. A su juicio, el lenguaje empleado en el sector introduce a veces una complejidad que aleja al consumidor de una experiencia cotidiana.
«Mucha gente dice que no entiende de vino, pero nadie dice que no entiende de tortillas», comentó para explicar que reconocer lo que gusta no exige dominar el vocabulario de la cata.
Pétalos y La Faraona: dos partes del mismo proyecto
Preguntado por los precios que pueden alcanzar las botellas de La Faraona, Pérez Palacios distinguió entre el coste del trabajo en el viñedo y el efecto del mercado. Explicó que la atención a estas parcelas exige mucha mano de obra y que la producción limitada, la demanda de los aficionados y las puntuaciones contribuyen a elevar su precio.
No obstante, evitó pronunciarse sobre si esas cantidades están justificadas. «Yo no puedo decir si son justificables o no», manifestó.
El bodeguero subrayó que los vinos de mayor reconocimiento y los de producción más amplia cumplen funciones complementarias. Pétalos sostiene la actividad cotidiana de una bodega en la que trabajan casi 30 personas, mientras que las elaboraciones más limitadas forman parte de la identidad del proyecto.
«Que pueda existir La Faraona es gracias a Pétalos, y Pétalos también es gracias a La Faraona. El conjunto es lo bonito», afirmó.
Entre ambos situó Villa de Corullón, al que señaló como el vino que más representa a la bodega: una mezcla de distintos parajes del municipio que permite expresar su diversidad y dar a conocer el pueblo. Una manera de entender el vino en la que el reconocimiento internacional convive con el valor del origen y con el trabajo de quienes conservaron las viñas.





