El Teatro Bérgidum de Ponferrada cumple 30 años desde su reapertura como espacio escénico municipal, tres décadas en las que Miguel Ángel Varela ha permanecido al frente de su dirección. Lejos de quedarse únicamente con la efeméride, Varela sitúa entre las claves de este recorrido la continuidad de un proyecto cultural a medio y largo plazo, la independencia profesional de la programación y el respaldo institucional, mientras señala la accesibilidad y la inclusión como algunos de los principales retos pendientes.
El Bérgidum reabrió sus puertas el 1 de octubre de 1996, tras una profunda rehabilitación, con Amancio Prada en la inauguración y la presencia de la reina Sofía. Rafael Álvarez ‘El Brujo’ fue después la primera compañía teatral que pisó su escenario. Treinta años más tarde, mantiene una programación estable y gestiona también la Sala Río Selmo y diferentes festivales.
Para Varela, sin embargo, el verdadero desafío no estaba en aquella jornada inaugural, sino en lo que debía ocurrir inmediatamente después. “Lo que nos preocupaba realmente era qué iba a pasar al día siguiente”, recordó durante la entrevista en FM Bierzo. El objetivo era evitar que la apertura se quedase en un acto protocolario y conseguir que el nuevo espacio tuviera continuidad.
“Nuestra preocupación en aquel momento era que tuviera vida el espacio”, señaló. Tres décadas después, considera que el Bérgidum ha demostrado que un espacio escénico público municipal puede convertirse en un lugar de “debate, diálogo y pensamiento vinculado con lo contemporáneo”.
La independencia profesional como una de las claves
El director del Bérgidum considera que otro de los factores decisivos durante estas tres décadas ha sido la posibilidad de mantener una programación basada en criterios profesionales, pese a tratarse de un espacio propiedad del Ayuntamiento de Ponferrada.
Según explicó, durante la mayor parte de estos 30 años ha existido entendimiento con los diferentes responsables políticos municipales. “Un espacio como el teatro es un espacio de libertad que tiene que gestionarse con criterios profesionales y no con el capricho o con la improvisación”, afirmó.
Varela aseguró que, aproximadamente durante “el 90%” de este periodo, ha existido esa complicidad institucional, más allá de las habituales dificultades relacionadas con presupuestos o búsqueda de financiación.
A su juicio, la programación debe responder a un proyecto cultural y no únicamente a criterios de entretenimiento o éxito inmediato de taquilla. Entre los factores que más pesan a la hora de elegir un espectáculo situó especialmente la calidad y el precio.
El incremento de costes de transporte, alojamientos y desplazamientos de las compañías supone actualmente una dificultad añadida. Al mismo tiempo, el Bérgidum ha intentado mantener una política de precios que permita obtener ingresos de taquilla sin dejar de resultar accesible para una parte amplia del público.
Programar más allá de los grandes nombres
Varela defendió también el papel de un teatro público para incorporar propuestas que no necesariamente garantizan un lleno.
“Si solo hiciéramos cosas para llenar, seguramente sería mucho más fácil programar”, explicó. Frente a ese modelo, considera que el trabajo continuado durante estos años ha permitido generar confianza entre el público, hasta el punto de conseguir una buena respuesta ante espectáculos sin figuras conocidas como principal reclamo.
Puso como ejemplo la danza, un género en el que el Bérgidum ha intentado mantener un elevado nivel de exigencia. “El trabajo no es un trabajo basado en ‘vamos a hacer algo para la semana que viene’, sino basado en un proyecto a medio y largo plazo”, afirmó.
“Tenemos un personal motivado que hace milagros”
El director del teatro destacó igualmente el trabajo que permanece fuera de la vista del espectador: montajes y desmontajes, sonido, iluminación, maquinaria escénica, camerinos o recepción de las compañías.
Varela reconoció que probablemente sería necesario contar con más personal, aunque destacó el compromiso del equipo actual. “Tenemos un personal motivado que hace milagros”, aseguró.
Explicó que detrás de una función que comienza a las ocho y media de la tarde existen horas previas de trabajo para preparar focos, maquinaria y diferentes elementos técnicos. Mostrar ese funcionamiento interno, añadió, permite comprender mejor la complejidad necesaria para que cada representación pueda desarrollarse con normalidad.
La accesibilidad, uno de los retos pendientes
Entre las principales tareas que quedan por abordar, Varela situó la accesibilidad del edificio y la inclusión de públicos con distintas necesidades.
El director considera necesario avanzar en la instalación de un ascensor que facilite el acceso al anfiteatro a personas con problemas de movilidad y continuar trabajando no solo en accesibilidad física, sino también cognitiva.
Además, señaló la necesidad de facilitar la participación en la actividad escénica de personas con dificultades auditivas o visuales.
“Tenemos que conseguir que determinado público con dificultades de audición o de visión sea también partícipe del hecho escénico y pueda ir a ver el teatro”, indicó.
Varela recordó que estas actuaciones ya no responden únicamente a un objetivo social, sino también a las exigencias establecidas legalmente. “Es un objetivo en el que tenemos que seguir trabajando obligatoriamente”, afirmó.
Más coordinación entre los teatros del Bierzo
Al abordar el futuro, el director del Bérgidum puso el acento en la importancia de que los proyectos culturales no dependan exclusivamente de las personas que circunstancialmente estén al frente de ellos.
“Las personas son imprescindibles, pero más imprescindibles todavía son las instituciones”, señaló, citando a Jean Monnet. A su juicio, la continuidad del Bérgidum dependerá de que las instituciones mantengan la convicción de que este tipo de espacios deben disponer de actividad y estructuras estables.
Varela extendió esta reflexión al resto de la comarca y expresó su deseo de que los espacios escénicos del Bierzo cuenten con estructuras más consolidadas, una actividad definida y fórmulas de coordinación y colaboración entre ellos.
Según explicó, esa relación existe habitualmente entre espacios escénicos de Castilla y León y de otros puntos del país, con intercambio de experiencias y comunicación entre profesionales, pero considera que todavía falta desarrollar una dinámica semejante a escala comarcal.
Sobre lo que pueda suceder dentro de otros 30 años evitó hacer pronósticos, aunque dejó una convicción: “Dentro de 30 años el teatro existirá. En el Bérgidum o fuera del Bérgidum, pero el teatro existirá. Mientras exista un ser humano, existirá teatro”.





