El Bembibre se quedó a un suspiro del pleno ante la Arandina y terminó rascando un empate de orgullo

En Bembibre no se regalan despedidas: se compiten. El Atlético Bembibre firmó tablas (1-1) frente a la Arandina en la tarde del sábado 20 de diciembre, en un duelo de la jornada 15 del Grupo VIII de Tercera RFEF que dejó frío el marcador y caliente la sensación rojiblanca de haber tenido el partido en la mano.

Los nuestros salieron con la idea clara de mandar desde el ritmo y el oficio, pese a las ausencias que obligaron a tirar de fondo de armario. La grada empujó desde el minuto uno, pero el fútbol, caprichoso como pocos, empezó a enseñar sus uñas pronto.

El 17’ y la jugada que pudo cambiarlo todo

El primer gran giro llegó en el minuto 17: penalti a favor del Atlético Bembibre. José Manuel asumió la responsabilidad, pero el portero visitante, Sergio, adivinó la intención y sostuvo a la Arandina cuando el Jesús Esteban ya olía a 1-0. Fue de esas acciones que pesan más de lo que dicen las estadísticas.

Y como suele pasar cuando perdonas, el castigo llegó al otro lado. En el 29’, Sandro Benlloch aprovechó una acción dentro del área para adelantar a los visitantes (0-1), un golpe seco para un Bembibre que estaba compitiendo con más intención que premio.

Orgullo rojiblanco y un empate con sello de reacción

Tras el descanso, el Atlético Bembibre insistió. Se mantuvo el pulso de ida y vuelta, y el banquillo movió fichas buscando aire arriba. La respuesta fue inmediata: en el 73’, Hugo Fernández fabricó una jugada por banda y puso un centro medido para que Álex Lorenzo, con remate certero, devolviera la igualdad (1-1) y encendiera de nuevo el partido.

Con el empate, el equipo berciano se volcó a por el segundo. Hubo empuje, hubo llegadas y hasta se llegó a celebrar un gol más, pero terminó anulado por fuera de juego: Manu Arias se quedó sin la foto del triunfo por un detalle que dejó protesta en el césped y murmullo en la grada.

Un punto que sabe a poco, pero marca el camino

El 1-1 final dejó a los rojiblancos con esa mezcla tan berciana de rabia y orgullo: rabia por lo que se escapó (penalti incluido), orgullo por la reacción y por sostener el pulso hasta el final. Si este cierre de año deja una idea clara es que en Bembibre se compite siempre; ahora toca que la puntería acompañe para que los méritos se conviertan en tres puntos cuando vuelva la liga.

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