La Xunta impulsa la declaración de BIC de las chimeneas de As Pontes: un contraste que se ve desde el Bierzo

La noticia de que Galicia ha reabierto el expediente para convertir en Bien de Interés Cultural la gigantesca chimenea de la central térmica de As Pontes ha cruzado rápido las montañas. En la comarca del Bierzo, que vivió durante décadas del carbón con la central de Compostilla como punto , muchos miran hacia el norte con una sensación agridulce: mientras allí se protege un símbolo industrial, aquí las señas de identidad de Compostilla desaparecen voladura tras voladura.

As Pontes gana protección, el Bierzo recuerda lo perdido

La decisión del Gobierno gallego supone un segundo intento de blindar la chimenea de As Pontes, después de que un primer procedimiento caducara en 2024. El nuevo expediente, abierto a raíz de una petición ciudadana y con un plazo de resolución de dos años, reconoce a esa estructura de más de 350 metros como un monumento singular del patrimonio industrial y le otorga de manera inmediata un régimen de protección que dificulta su demolición y cualquier intervención que pueda alterar su silueta.

En la documentación oficial se subraya no solo su tamaño, sino su carácter emblemático: la chimenea dejó de ser simple infraestructura para convertirse en emblema de una comunidad que durante décadas vivió al ritmo de la central y de la mina. Ahora, la posibilidad de dedicarla a usos culturales, turísticos o de ocio se contempla como una forma de enlazar la memoria de la “era del carbón” con nuevos proyectos económicos, manteniendo visible un hito que explica buena parte de la historia energética reciente.

Desde Cubillos del Sil, donde se levantan todavía las dos grandes chimeneas de Compostilla II, el contraste es evidente. La central berciana fue durante décadas una de las mayores del país, alimentada por el carbón de las cuencas de El Bierzo y Laciana. Sin embargo, su desmantelamiento avanza sin que ninguna figura de protección equiparable haya frenado la desaparición de sus elementos más reconocibles. El 31 de agosto de 2023 cayeron las dos torres de refrigeración y una de las chimeneas, reducidas a miles de toneladas de escombros en cuestión de segundos, y con ellas se borró parte del horizonte industrial que definía el valle del Sil.

Una batalla desigual por las últimas chimeneas

En estos dos años, plataformas ciudadanas y colectivos patrimonialistas han intentado abrir una vía alternativa para Compostilla. La inclusión de las torres y chimeneas en listados de patrimonio en riesgo, las concentraciones organizadas a pie de central y los proyectos turísticos presentados para reconvertir las estructuras —como el plan de tirolinas, miradores y actividades de aventura sobre el embalse de Bárcena— no han conseguido, por ahora, que la administración autonómica dé un paso firme similar al de Galicia con As Pontes.

Pese al derribo de las torres y de una de las chimeneas, dos colosos de hormigón siguen aún en pie y se han convertido en la última frontera entre el recuerdo y el olvido. Plataformas bercianas recuerdan que, igual que en As Pontes, estas estructuras reúnen valores técnicos, paisajísticos y sentimentales suficientes para ser tratadas como patrimonio industrial. Denuncian que falta voluntad política para estudiar su declaración como bien protegido y reclaman que no se consuma la demolición sin haber agotado las opciones de reutilización.

Identidad, futuro y una sensación de agravio

La reapertura del expediente BIC en Galicia ha actuado como detonante emocional en el Bierzo. Colectivos ciudadanos han vuelto a dirigirse a la Junta de Castilla y León para exigir que reaccione antes de que sea tarde, subrayando la paradoja de que en la comunidad vecina se reconozca el valor simbólico de su gran central térmica mientras en la comarca donde nació una de las grandes eléctricas del país apenas se conservan vestigios materiales de medio siglo de historia energética. En sus mensajes hablan de indignación, de abandono y de la sensación de que el Bierzo pesa poco cuando se decide qué merece ser preservado.

Mientras la chimenea de As Pontes afronta un futuro en el que podría convertirse en recurso cultural y turístico, las de Compostilla siguen pendientes de una decisión definitiva que llegará, previsiblemente, antes de que concluya el desmantelamiento completo de la planta. Lo que está en juego va más allá de unas estructuras de hormigón: se trata de decidir si el Bierzo quiere seguir viendo en sus chimeneas un símbolo incómodo del pasado o una herramienta para contar su propia historia y acompañar la transición energética con memoria y proyectos de futuro.

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