El joven rider de Bembibre, subcampeón de España de DH, repasa el esfuerzo, la constancia y las horas de entrenamiento que hay detrás de un resultado que sitúa al Bierzo en el mapa nacional del descenso
Enol Torre ya es uno de los nombres propios del ciclismo de descenso. El joven rider de Bembibre se proclamó subcampeón de España de DH el pasado 8 de marzo en Sant Andreu de la Barca, un resultado que ha llevado el nombre de Bembibre y del Bierzo al primer plano nacional de una disciplina tan espectacular como exigente.
Más allá de la medalla, su historia habla de esfuerzo, entrenamientos, viajes, apoyo familiar y muchas horas invisibles. Enol recibió recientemente el reconocimiento institucional en su municipio, pero afronta el éxito con naturalidad y con la mirada puesta en los próximos retos.
El momento de cruzar la meta y saberse subcampeón de España lo recuerda con una emoción especial. “Nada más llegar intenté buscar a mi padre y ya lo empezamos a celebrar allí”, explica. La presencia de su familia, especialmente de su padre, ha sido clave en un camino marcado por desplazamientos constantes y entrenamientos en circuitos específicos.
“Nada más llegar intenté buscar a mi padre y ya lo empezamos a celebrar allí.”
Enol reconoce que la bajada no fue perfecta. Cometió algún pequeño fallo que le hizo perder un par de segundos, pero el resto salió como esperaba. En una disciplina donde cada detalle cuenta, esas décimas pueden marcar diferencias importantes. Aun así, el balance fue inmejorable: subcampeón de España en su primer año dentro de la categoría.
Para quienes no conocen el DH, Enol lo define de la forma más sencilla posible: “Intentar bajar por una cuesta lo más rápido posible”. Detrás de esa aparente simplicidad hay técnica, memoria, reflejos, preparación física y una enorme capacidad para tomar decisiones en apenas unas décimas de segundo.
El joven berciano cree que marcó la diferencia en las zonas más empinadas del circuito, precisamente aquellas en las que el riesgo también es mayor. En el descenso, cada curva, cada salto y cada piedra cuentan. Por eso, antes de competir, estudia el recorrido hasta memorizarlo por completo.
“Me sé siempre de memoria la bajada; hay que saberse hasta la última piedra para no cometer errores.”
Su rutina de entrenamiento combina bici de carretera, XCO, gimnasio y salidas con la bicicleta de descenso cuando puede desplazarse a circuitos adecuados. Enol recuerda que en el Bierzo hay mucha montaña y buenos lugares para entrenar en bicicleta, aunque no tantos espacios específicos para practicar DH con todas las condiciones necesarias.
Por eso, los desplazamientos son parte fundamental de su preparación. Gracias al apoyo de su padre, puede viajar para entrenar con la bicicleta de descenso en circuitos más apropiados. “Hay muchos viajes y muchas horas dentro del coche, pero al final me gusta”, reconoce. Para ambos, esas carreras también se han convertido en una experiencia compartida.
Enol tiene referentes claros dentro del descenso español. Cita a Ángel Suárez y Dani Castellanos, corredores que compiten a nivel mundial y con los que ya mantiene contacto. De ellos destaca su cercanía y la ayuda que ofrecen a los riders más jóvenes, compartiendo consejos, trazadas y experiencia.
El riesgo forma parte del DH, pero Enol prefiere hablar de respeto más que de miedo. Sabe que hay curvas o saltos que imponen, pero también que, una vez dentro de la pista, la velocidad y la concentración lo absorben todo. Hasta ahora, las lesiones le han respetado y no ha sufrido caídas graves, algo que considera una suerte.
La bicicleta también tiene su papel, aunque Enol lo tiene claro: el material ayuda, pero no lo es todo. Compite con una Commençal de descenso y cuenta también con una Trek de enduro, cada una adaptada a su modalidad. El mantenimiento lo realiza con el apoyo de una tienda de Ponferrada que, según explica, les ayuda mucho.
“La bicicleta ayuda, pero es más el indio que la flecha.”
El apoyo de Bembibre y de la gente del Bierzo también ha sido importante tras el subcampeonato. Enol asegura que muchas personas le felicitan por la calle y que sus amigos están muy pendientes de su trayectoria. También se siente respaldado por su instituto, donde los profesores le facilitan compaginar los estudios con las competiciones.
Compatibilizar la vida académica con un deporte tan exigente no siempre es sencillo. Los viajes, entrenamientos y carreras obligan a organizarse bien, pero Enol destaca la comprensión de sus profesores, que le adaptan tareas o trabajos cuando tiene que competir.
En la salida de una prueba, justo antes de lanzarse cuesta abajo, intenta dejar la mente en blanco. Confía en sí mismo y en todo lo que ha preparado previamente. Antes de cada carrera visualiza la bajada con los ojos cerrados, la repasa mentalmente y trata de llevar cada tramo aprendido.
El reconocimiento del circuito es una de las partes más importantes del fin de semana. Durante el llamado trackwalk, los riders recorren el trazado a pie para estudiar cada zona con calma. Ese trabajo previo permite después bajar mucho más rápido sobre la bicicleta.
A Enol le gusta competir con presión. Lejos de bloquearle, saber que tiene que estar entre los mejores le motiva. Esa mentalidad resulta clave en un deporte donde el margen de error es mínimo y en el que un fallo puede tirar por tierra una bajada entera.
“Me gusta ir con presión; saber que tengo que estar entre los mejores me motiva.”
Después del subcampeonato de España, Enol ya mira hacia nuevos objetivos. Su reto inmediato es una Copa Europea en Portugal, donde aspira a estar entre los tres primeros de su categoría. Conseguirlo le daría acceso a pruebas del Mundial, un paso muy importante en su progresión deportiva.
El joven rider sabe que el nivel será altísimo y que acudirán corredores de toda Europa, pero asegura que llega preparado. También tiene estudiados a sus rivales. Durante los entrenamientos observa cómo pasan por las zonas más complicadas del circuito para analizar trazadas y estrategias.
Uno de los grandes retos para seguir creciendo es el económico. Enol reconoce que están buscando patrocinadores, ya que salir de España y competir en pruebas internacionales supone un coste importante. Viajes, gasolina, material y desplazamientos hacen que el apoyo externo sea necesario para poder disputar carreras de mayor nivel.
A nivel personal, el descenso le ha enseñado concentración, disciplina y constancia. Tiene claro que los resultados llegan a base de trabajo diario y de no dejar de entrenar. Si tuviera que definirse como rider, elegiría precisamente esa palabra: constante.
“Soy bastante constante; suelo estar siempre delante en todas las carreras.”
El subcampeonato de España ha supuesto un punto de inflexión en su carrera. Enol acudía con buenas expectativas, pero el resultado superó lo que imaginaba. “Es mi primer año en esta categoría y aún me queda otro el año que viene”, recuerda, consciente de que todavía tiene margen para seguir creciendo.
Fuera de la bici, desconecta con sus amigos en Bembibre, dando paseos y haciendo vida normal. Pero la competición vuelve rápido a su cabeza. Hay circuitos que le gustaría repetir, como el de Verín, donde la temporada pasada llegó como líder de la Copa de España y unos errores le dejaron con la sensación de no haber podido mostrar todo su nivel.
A quienes quieran iniciarse en el DH, Enol les aconseja paciencia. Cree que hay que ir poco a poco, ganar velocidad, mejorar la técnica y entrenar mucho. No hay atajos en un deporte que exige valor, cabeza y preparación.
La historia de Enol Torre es la de un joven deportista que baja al límite, pero que construye sus resultados desde la constancia. Su subcampeonato de España no es solo una medalla: es la confirmación de que hay talento, trabajo y futuro. Desde Bembibre, y con el Bierzo como punto de partida, Enol ya mira hacia Europa y hacia el sueño de competir en pruebas del Mundial.

