Ariadna Castro: “Veníamos llamando a la puerta y ya era hora de que nos la abriesen”

La tiradora bembibrense celebra la plata conseguida con España en la Copa del Mundo de florete por equipos en Estambul, un resultado histórico que confirma el crecimiento de la esgrima española y proyecta el nombre del Bierzo en la élite internacional

Ariadna Castro vive uno de los momentos más especiales de su carrera deportiva. La esgrimista de Bembibre acaba de conquistar con España la medalla de plata en la Copa del Mundo de florete por equipos femeninos celebrada en Estambul, un logro de enorme repercusión para la esgrima española y también para el deporte berciano.

El equipo español, formado por Teresa Díaz, Ariadna Tucker, María Mariño y Ariadna Castro, firmó una competición sobresaliente. España partía como sexta cabeza de serie y fue superando rondas hasta alcanzar una final histórica ante Italia, una de las grandes potencias mundiales de este deporte. En el camino quedaron selecciones como Hong Kong, el combinado neutral ruso y Corea, antes de caer únicamente en la final frente al conjunto italiano.

Para Ariadna, subirse a un podio internacional supone la recompensa a muchos años de trabajo. “Es una sensación que se lleva buscando desde que eres pequeña”, reconoce. La berciana asegura sentirse “súper contenta, eufórica y pletórica” después de una competición que confirma que España puede competir de tú a tú con las mejores selecciones del mundo.

“Es una sensación que se lleva buscando desde que eres pequeña.”

La tiradora no olvida a quienes han estado a su lado durante todo el camino. Al escuchar el himno nacional y verse entre las mejores, lo primero que le vino a la cabeza fue el agradecimiento. Ariadna destaca el apoyo de sus padres, de su familia y de sus amigos, especialmente en un deporte que exige muchas renuncias y que, en ocasiones, puede resultar solitario.

“Es un camino difícil, muy duro y en cierto modo también solitario”, explica. Por eso, cuando llega una recompensa como esta, el esfuerzo diario cobra un sentido especial. Entrenar cada día, viajar constantemente y sostener la exigencia competitiva durante años hacen que una medalla internacional tenga un valor todavía mayor.

España no acudía a Estambul con grandes expectativas, pero sí con ambición. Ariadna lo resume con claridad: el equipo llevaba tiempo cerca de conseguir un resultado de esta dimensión. “Veníamos llamando a la puerta para conseguir una medalla así desde hace mucho tiempo, y yo creo que ya era hora de que nos la abriesen”, afirma.

“Veníamos llamando a la puerta para conseguir una medalla así desde hace mucho tiempo.”

El camino hasta la final no fue sencillo. La propia Ariadna reconoce que el asalto ante Corea, en semifinales, fue uno de los momentos de mayor tensión. España tenía en la mano asegurarse la medalla y evitar el siempre amargo combate por el tercer y cuarto puesto. “Lo tenemos, no se nos puede ir”, recuerda que pensaban en aquel momento.

La semifinal fue ajustadísima y se vivió con enorme presión desde dentro. Ariadna destaca especialmente el papel de María Mariño, encargada de cerrar el asalto. La responsabilidad era máxima: mantener la ventaja, llegar al final por delante en el marcador y asegurar el pase a la final. Cuando terminó el tiempo, la alegría fue incontenible. “Nos tiramos todas encima de ella antes incluso de darle la mano a las rivales”, recuerda.

La final ante Italia dejó también aprendizajes. Ariadna reconoce la superioridad histórica del equipo italiano, pero subraya que España salió satisfecha por la esgrima realizada. A pesar de algunas decisiones arbitrales con las que no estuvieron de acuerdo, el equipo mantuvo la sensación de haber competido bien y de haber demostrado que el florete español está creciendo.

“Dimos lo mejor que pudimos y se demostró mucha esgrima, muy buena esgrima”, señala. La bembibrense confía en que el trabajo diario sirva para que, en el futuro, los asaltos igualados y los tocados dudosos también empiecen a caer del lado español.

La relación de Ariadna Castro con la esgrima viene de lejos. Empezó con apenas seis años y desde entonces nunca se planteó dejarlo. Para ella, este deporte es mucho más que una disciplina competitiva: forma parte de su identidad. “Es mi pasión, es lo que me llena y creo que en cierto modo también me define”, asegura.

“La esgrima es mi pasión, es lo que me llena y en cierto modo también me define.”

Detrás de una medalla como la conseguida en Estambul hay un volumen de trabajo difícil de imaginar. Ariadna habla de entrenamientos diarios, concentraciones, viajes y una vida organizada casi por completo alrededor del deporte. Cuando no entrenan, están compitiendo o desplazándose; y cuando no están en Madrid, su sede habitual, se encuentran en concentraciones por distintos países.

La esgrimista berciana también reconoce que la esgrima no tiene la visibilidad de otros deportes. Cree que una de las razones es que no siempre resulta fácil de entender para el público. Incluso desde dentro, admite, muchas acciones son complejas de interpretar. Sin embargo, confía en que éxitos como esta plata ayuden a que más niños y jóvenes se acerquen a la esgrima.

Ariadna considera que estos resultados pueden despertar vocaciones. “Ojalá haya gente que diga: yo quiero estar ahí también algún día”, apunta. Para ella, la medalla no solo tiene valor deportivo, sino también como ejemplo para quienes empiezan.

El apoyo recibido desde Bembibre y desde el Bierzo ha sido otro de los aspectos que más le ha emocionado. Tras la medalla, recibió numerosos mensajes de felicitación. Muchos más de los que esperaba. Esa respuesta le hizo sentir que la gente estaba pendiente de su trayectoria y que el logro había sido vivido también como un orgullo compartido.

“Me invadió un orgullo enorme al ver que la gente estaba atenta, pendiente y que le interesaba”, reconoce. Para una deportista que ha crecido lejos de los grandes focos mediáticos, sentir el respaldo de su tierra supone un impulso añadido.

En el plano deportivo, Ariadna destaca también la buena convivencia dentro del equipo. Con Teresa Díaz, Ariadna Tucker y María Mariño comparte muchas horas de entrenamientos, viajes y competición. La relación, asegura, es sencilla y positiva porque se conocen desde hace años y están acostumbradas a convivir.

Más allá de los resultados, la esgrima le ha dado amistades, disciplina y una forma de entender la vida. Ariadna valora especialmente estar rodeada de personas que comprenden su estilo de vida o que, al menos, hacen el esfuerzo de entenderlo. “Me llevo mucha gente y gente de mucha calidad”, resume.

Tras la plata de Estambul, el futuro invita a soñar, aunque Ariadna prefiere mantener los pies en el suelo. Su siguiente reto será el Gran Premio de Shanghái, donde espera ofrecer su mejor esgrima también a nivel individual. No quiere confiarse. Sabe que en la alta competición cada prueba empieza de cero.

“Hay que ir a modiño”, dice, utilizando una expresión gallega que resume bien su filosofía actual: avanzar paso a paso, con humildad, trabajo y ambición. Su objetivo inmediato es competir bien y, si es posible, meterse entre las ocho mejores a nivel individual.

“Hay que ir paso a paso, con humildad, e intentar sacar la mejor esgrima posible.”

A los niños y niñas del Bierzo que hayan visto su medalla y estén pensando en iniciarse en la esgrima, Ariadna les lanza un mensaje directo: que lo prueben, que vayan con todo y que lo disfruten. Considera que es un deporte muy bonito, que enseña disciplina, rapidez mental y capacidad para resolver problemas en muy poco tiempo.

La historia de Ariadna Castro demuestra que desde Bembibre también se puede alcanzar la élite internacional. Su plata con España en Estambul es el fruto del talento, la constancia y muchas horas de trabajo silencioso. Pero también es una invitación a mirar hacia deportes menos visibles que, como la esgrima, siguen dando grandes alegrías al Bierzo y al deporte español.

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