El Toralín se vistió de noche grande para celebrar el partido número 600 de su historia y, de paso, acoger una nueva edición del Derbi de los Ancares. El ambiente respondió al cartel: grada llena, bufandas al viento y esa mezcla de respeto y rivalidad que siempre acompaña a Ponferradina y Lugo. Sobre el césped, el 1–1 final dejó la sensación de que la Deportiva dejó escapar vivo a su eterno vecino, mientras el conjunto lucense se marchó satisfecho por haber resistido en un escenario tan exigente.
La Ponfe salió mandona, decidida a marcar territorio desde el primer minuto. El balón viajaba con fluidez por dentro, con los mediapuntas apareciendo entre líneas y los laterales ganando altura para cargar el juego por fuera. El premio llegó pasada la media hora, cuando una combinación rápida por el costado izquierdo terminó en la irrupción de Andoni López. El lateral, con alma de extremo, se plantó en el corazón del área y cruzó el disparo para firmar el 1–0. El estallido en la grada fue inmediato: el derbi parecía por fin teñirse de blanquiazul.
Sin embargo, el Lugo supo levantarse del golpe con la serenidad de los equipos que creen en su plan. Poco después del tanto local, una acción a balón parado cambió el guion. Centro tenso desde la banda, despiste en la marca y aparición de Iker Unzueta en el primer palo para cabecear al fondo de la red. El 1–1 no solo enfrió el entusiasmo berciano, también rompió la solidez defensiva que la Ponferradina venía exhibiendo en las últimas jornadas, sembrando dudas donde antes había plena confianza.
La segunda parte tuvo más tensión que fútbol. La Ponferradina fue perdiendo frescura con el paso de los minutos y le costó atacar con claridad, mientras que el Lugo se asentó mejor en campo rival, empujando sin convertir su dominio en ocasiones realmente claras. El choque se llenó de interrupciones, protestas constantes y un arbitraje muy presente, con revisiones tecnológicas y un añadido casi interminable que solo hizo crecer la temperatura en la hierba y en la grada.
En los instantes finales, cualquier detalle pudo decantar el derbi. La Deportiva reclamó con insistencia una acción del portero lucense al borde del área, el Lugo pidió lo suyo dentro de la zona de castigo rival y el colegiado se mantuvo firme entre un coro de reproches de unos y otros. Al pitido final, el 1–1 dejó a la Ponferradina con un sabor inequívoco a oportunidad perdida: dominó fases importantes del encuentro, golpeó primero y no supo cerrar la herida que abrió el empate. El Lugo, en cambio, reforzó su imagen de equipo incómodo, capaz de sufrir, golpear cuando toca y seguir sumando en una racha que le mantiene muy vivo en la pelea por objetivos mayores. El Derbi de los Ancares, fiel a su fama, volvió a ser intenso, discutido y, sobre todo, inescrutable hasta el último segundo.

